El aporte de nutrientes que un niño o niña necesitan no solo es diferente al adulto, sino que varía a lo largo de los años.

El aporte de nutrientes que un niño o niña necesitan no solo es diferente al adulto, sino que varía a lo largo de los años. Durante el primer año de vida, las necesidades son muy altas, debido al rápido crecimiento que se produce durante esta etapa, en la que además tiene lugar la transición de la lactancia a una alimentación similar a la del resto de la familia.
Para poder abordar las necesidades especiales diferenciaremos tres etapas distintas:

  •  De 3 a 5 años: Las necesidades energéticas son especialmente altas, ya que se trata de un periodo de crecimiento y desarrollo, así como de gran actividad física. A esta edad, los niños y niñas necesitan proporcionalmente más proteínas de alta calidad que los adultos lo que su dieta debe incluir suficientes carnes, pescados, huevos y lácteos (proteína de origen animal) así como legumbres (proteína de origen vegetal), frutos secos y cereales.
    Por otra parte, todavía no tienen el sentido del gusto totalmente maduro y hay sabores que no aceptan. Es fundamental, por tanto, comenzar a inculcarles ya en esta etapa hábitos nutricionales saludables.
  • De 6 a 12 años: Durante este periodo, adquieren una mayor conciencia y se puede trabajar mejor con ellos la educación nutricional: se debe orientar al niño o la niña para que no coma solo lo que le gusta y evitar que abuse de dulces, bollería y refrescos (grasas saturadas) e incluir la  grasas insaturadas tales como aceites vegetales, frutos secos, aguacate y pescado azul. Dado que se encuentran en pleno crecimiento y, además, ya inmersos en la exigente actividad escolar, los escolares deben ingerir a diario alimentos de una gran variedad como lácteos, frutas, verduras, ensalada y pan, alternar las carnes, pescados blancos y azules, y combinar a lo largo de la semana las legumbres, arroces y pasta, patatas, cereales y arroz.
  • •De 13 a 16 años: En esta etapa de entrada en la adolescencia el requerimiento energético aumenta de nuevo, pues se produce el llamado “estirón” y los músculos y el esqueleto terminan de formarse. Por tanto, la dieta del adolescente debe aportarle las calorías suficientes e incluir proteínas de alta calidad y calcio. Su entorno familiar debe estimularle para que realice actividad física suficiente como para evitar el sobrepeso, además de evitar que siga dietas para adelgazar o ganar masa muscular.

    Ana Castellano Soler
    Farmacéutica Adjunta y Experta en Nutrición y Dietética Humana
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